Punto de vista de Sofía
—¿Por qué? ¿Qué pasó, Sofía? ¿Te dijo algo? —preguntó Patricia, acercándose con los ojos llenos de preocupación. Su ceño fruncido mientras apretaba mi mano con una fuerza sorprendente.
—Han pasado casi dos meses desde que Adrián y yo nos casamos, pero ambos nos hemos dado cuenta de que no podemos ser felices juntos —dije, sintiendo las palabras extrañamente vacías incluso para mí misma. Era una versión edulcorada de la verdad, una frase cuidadosamente construida que omitía el dolor, la humillación y el completo desperdicio de todo.
—Sofía, conozco las circunstancias en las que te casaste —comenzó Patricia, con su voz impregnada de esa mezcla familiar y frustrante de compasión y desaprobación—. Pero el divorcio no es la solución. Adrián no encontrará una mejor compañera de vida que tú. —Ese "mejor" se sentía como una espina. ¿Mejor para quién? ¿Para la empresa? ¿Para su posición social? Ciertamente no para su corazón.
—Sofía, conozco a mi hijo —dijo Roberto, con