Punto de vista de Sofía
El día siguiente, los suaves rayos de sol que se filtraban por la ventana parcialmente abierta calentaron mi rostro, despertándome con delicadeza. Abrí los ojos lentamente, con los restos del sueño aferrándose a mí como una manta suave. Giré la cabeza y mi mirada se posó en Adrián. Seguía dormido a mi lado, con su brazo posesivamente sobre mi cuerpo y nuestras piernas entrelazadas bajo las sábanas. Se veía... pacífico. Vulnerable. Un fuerte contraste con el hombre dominante que era durante las horas de vigilia.
Con cuidado, intentando no despertarlo, me desenredé de su abrazo. Su brazo cayó mientras me deslizaba fuera de la cama. El aire fresco contra mi piel me provocó un escalofrío. Caminé silenciosamente hacia el baño, ansiosa por escapar de la tensión persistente de la noche. Después de completar mi rutina matutina y ducharme, me vestí con una blusa beige y pantalones negros de talle alto, un conjunto profesional pero cómodo. Me apliqué un maquillaje ligero,