Punto de vista de Sofía
El coche frenó bruscamente frente a las imponentes puertas de la mansión. Me estremecí cuando la mano de Adrián, que había estado apretando la mía con fuerza durante todo el trayecto, se aflojó. Rápidamente retiré mi mano, la presión persistente era un recordatorio de su furia apenas controlada.
Salí del coche, el aire fresco de la noche contrastaba fuertemente con la tensión que hervía dentro de mí. Mi corazón latía con fuerza mientras caminaba hacia mi habitación, con una sensación de inquietud instalada en mi estómago. Estaba confundida, perturbada. El arrebato de Adrián había sido tan repentino, tan desproporcionado para lo que yo percibía como una interacción inofensiva con Sebastián.
Para mí, el abrazo no había sido más que una despedida amistosa, un gesto de cierre, pero Adrián lo había transformado en algo feo, algo malicioso. Sus estados de ánimo impredecibles eran una fuente constante de ansiedad, y sabía que enfrentarlo en su estado actual sería inú