—¿Acaso no sabe esa persona que Rita ya tiene novio? ¿Cómo se atreve a enviarle una postal para confesarle su amor?
Muchacho, más te vale que no me entere de quién eres, ¡o te arranco la cabeza!
Santiago, conteniendo su impulso de romper la postal en pedazos, le preguntó con nerviosismo a Rita:
—Rita, ¿quién te envió esta postal? ¿Lo conozco?
Al escuchar esto, Rita, como si recién reaccionara, miró a Santiago y le dijo palabra por palabra:
—Fue Laura. Laura no está muerta, me envió esta postal