Santiago tomó el sobre y, al examinarlo con cuidado, se quedó perplejo. De verdad era un matasellos de Corandia. Además, había algo en el diseño de la postal que le resultaba familiar.
Antes de que Santiago pudiera identificar el diseño, Rita continuó diciendo:
—De cualquier manera, Laura no está muerta. Si no me crees, iré a buscarla sola y tú te quedas aquí.
—No, no, amor, ¿cómo voy a dejarte ir sola a un país extranjero? Si no me llevas, ¿qué clase de novio sería? Iré contigo para cuidarte.