CAPÍTULO 30
No me enamoraría de él ni porque me pagaran. Ni tampoco me sentía culpable por lo que acababa de suceder. Yo era inocente, él estaba loco. No podía luchar contra ello.
Llego el momento en donde ambos comimos por separado y en horarios diferentes para no cruzarnos. Pase la mayor parte del tiempo en la habitación, mirando series mala que no llenaban ni tampoco me distraían.
Mark, pasó su tiempo en el gimnasio y evitándome.
Ninguno de los dos queríamos hablar con el otro y mejor así, p