Al darse cuenta de lo que había hecho, Constança se dio cuenta de que había pasado los límites, aún más cuando vio a Lorena llevarse la mano al vientre y comenzar a gemir de dolor.
—Ay… —Lorena siguió gimiendo, hasta agacharse en el suelo, visiblemente afectada.
Sin saber qué hacer, Constança pasó junto a ella y salió corriendo del despacho. En la prisa, terminó chocando con Eliene, que venía por el pasillo cargando algunas toallas de baño dobladas.
—Lo siento, señora —dijo la empleada, asustad