—Sí, estuve allí…
—¿De verdad? —preguntó él, curioso—. ¿Cómo lograste llegar hasta allí sola?
La curiosidad de él sobre eso la dejó un poco preocupada, y Sara llegó a considerar inventar cualquier excusa. Pero algo dentro de ella le decía que no siguiera por ese camino… que continuara siendo sincera.
—No fui sola —reveló—. En realidad, fue Humberto… el capataz… quien me mostró el lugar.
—¿Humberto? —repitió Renato, y su expresión cambió en el mismo instante.
Sara lo notó.
No sabía el motivo, pe