Sebastián y Dante, junto a Vladimir, llegaron a ese lugar, era tan terrible, tanto por fuera, como pintaba ser por dentro, tocaron a la puerta y un guardia corpulento con cara de pocos amigos no les dejó pasar
—¡Soy Sebastián Hesant! Traeré a la policía si no me dejan entrar.
Solo nombrar a la policía hizo que dejaran al hombre entrar y lo llevaron directo a lo que parecía la oficina del director
—Tome asiento, señor, creo que esto es un malentendido.
—Ningún malentendido, sé que el señor Hu