El golpeteo en la puerta los interrumpió, se alejaron, y Sebastián se veía molesto
—¿Quién es? —exclamó
—Papi, soy yo, por favor, puedo hablarte.
Sebastián cambió su rostro a furioso, pero sintió la mano de Violeta sobre la suya
—Por favor —susurró ella—. Fue engañada por Hugh, como tú y yo, merece una oportunidad, es tu hija del corazón.
Esas palabras lograron calmar la bestia interior de Sebastián, quien asintió con lentitud, y abrió la puerta, Seraphyna entró
—Seraphyna…
—Vine a pedirt