Sebastián miró a Seraphyna, ella dormía sobre a cama, el doctor recién se había marchado y logró calmar el frenesí de la joven.
Él acarició su mejilla, le miró con amor y paciencia, no entendía en qué momento su pequeña hija sucumbió ante tal infierno, solo quería ayudarla y curarla, daría su vida porque así fuera, salió de ahí y fue a la habitación de los gemelos, admiró lo hermosos e inocentes que se veían ahí recostados en su cuna, eran como algo sublime, incapaz de ser dañados, sus caritas