La charla con Christian fue la más fresca que tuve en mucho tiempo. De alguna forma me ayudó a mantener el enfoque y no perderme en el mar de pensamientos que era mi cabeza y mientras el sol bajaba ambos nos mantuvimos en silencio notando como los colores suaves bañaban todo lo que tocaban con su luz suave.
—¿Quieres salir? —cuestionó suavemente y miré hacia él notando la sonrisa traviesa que tenía n sus labios.
—¿A dónde? —él se encogió de hombros.
—Podemos ir a un club que conozco.
—Es lunes,