Harper entró al trabajo con el alivio de haber sobrevivido a la inundación. Sus compañeros la rodearon con expresiones de preocupación y curiosidad. Le bombardearon con preguntas sobre su encierro en el depósito, su escape milagroso y su estado de ánimo.
—Por suerte, pude contactar con un amigo antes de que mi móvil muriera—dijo Harper—. Él vino a rescatarme y… Bueno, el resto es historia.
—Fue el señor Black, ¿no?—inquirió uno de ellos con un brillo en los ojos—. El conserje me contó que él fu