—Black, hermano, me tienes preocupado. Tienes que soltarla de una vez.
Su abogado le habló con franqueza, pero Brake apenas le prestó atención.
No podía soltarla, no podía olvidarla. Había dos motivos que se lo impedían: en primer lugar, seguían legalmente casados y no había tenido la oportunidad de explicarle adecuadamente a su esposa que él sería el hombre de su vida. Estaba dispuesto a brindarle todo, lujos, caprichos, y se esforzaría al máximo para satisfacerla a ella y a su hija.
El CEO so