“Aceptaré con gusto el beso, pero no tu dinero”, él susurra, inclinándose hacia mí. Le rodeo el cuello con los brazos y atraigo sus labios hacia los míos para darle un suave y largo beso. Me alejo un poco y lo miro, y él sonríe, con los ojos aún cerrados. “Mm, más”, él gime, volviendo a sellar nuestros labios y besándome con tanta pasión que se me curvan los dedos de los pies.
Estoy en muchos problemas con este chico. Tras unos minutos de besos, me dirijo al baño para darme una ducha rápida y v