Suspiro profundamente por millonésima vez mientras miro fijamente mi vaso, agitando el líquido ámbar de mi güisqui mientras mi mente sigue dando vueltas. Ya son más de tres horas desde que salí furioso de casa. Caminé sin rumbo hasta que encontré un bar y, bueno, aquí estoy, bebiendo mi cuarto trago de güisqui. ¿Estaba siendo un idiota y celoso irracional por absolutamente nada? No lo creo.
¿Por qué tiene tantas ganas de ver a ese imbécil? ¿Cómo puede decir que solo eran amigos cuando los vi be