Cuando Zoé despertó en la mañana no encontró a Rafael, puesto que le había dicho que estaría ahí.
Salió de la cama y se adentró a la ducha. Era una lucha muy grande para ella el no ver lo que su mente, ya de por sí, tenía grabada. Con ropa limpia bajó hacia el primer nivel y en este no encontró más que silencio.
Pareció una casa desierta, como si en ella nadie haya habitado. Pero cuando escuchó un ruido en la cocina avanzó a ese lugar, hallando a un Rafael ocupado con lo que tenía en un sartén