Alejandra despertó antes de que sonara la alarma. Durante unos segundos no entendió dónde estaba, hasta que la respiración profunda y constante a su lado la devolvió a la realidad. Sebastián dormía boca arriba, con un brazo doblado sobre la almohada y el rostro relajado, muy distinto al hombre seguro y controlado que mostraba durante el día.
Tragó saliva.
Dormir juntos seguía siendo la parte más difícil del contrato. No porque pasara algo indebido, sino precisamente porque no pasaba nada. La ce