Narra Ainoa
Por la mañana debo volver, salí mucho más temprano porque igual que el día anterior, debía caminar. Llegando a la casa del cliente, meto la llave en la cerradura y cuando la voy a girar, alguien abre desde adentro.
—Oh, lo lamento —le digo a una joven que parece auxiliar de vuelo.
—Buenos días —saluda apenada y se aleja.
Ingreso a la casa sin saber que ocurre, pensé que no encontraría a nadie. Pero tras abrir, encuentro al cliente bajando las escaleras.
—Señor, buenos días.
El hombr