Esa noche, Marco se sentó en la penumbra de su despacho, con una mirada fría y calculadora, mientras marcaba el número de Giovanni. Sabía que ese momento llegaría, y no podía ocultar la satisfacción que sentía al poder amenazar a su propio rival.
Giovanni respondió al primer timbrazo, como si hubiera estado esperando esa llamada desde el mismo momento en que dejó la mansión de Vittorio.
—¡Devuélveme a mi esposa ahora mismo, cabrón! —escupió Giovanni con un tono cargado de rabia y frustración.
M