El mayordomo la observó con calma, sus ojos inquebrantables pero no crueles, como si quisiera advertirle una última vez de las consecuencias.
—Recuerde que la paciencia del señor Giovanni puede ser tan limitada como su comprensión en algunos temas. Y si llegara a enterarse de otra forma… —Bellini se permitió un suspiro contenido—, no creo que le gusten las explicaciones tardías.
Elena asintió, tragando con dificultad. Sabía que debía enfrentar la situación, pero primero tenía que esperar.
—Ehm…