La noche había sido una sombra interminable para ambos. Giovanni no regresó a la habitación. En lugar de eso, pasó las horas resolviendo los asuntos de la amenaza y asegurándose de que Fran, quien para él era más que un simple trabajador, estuviera bien atendido.
El pensamiento de perder a alguien tan leal y valioso encendía una furia fría en él, una furia que necesitaba ser domada con acciones precisas, no con palabras.
Por su parte, Elena esperó en vano. Se abrazó a las sábanas mientras las