Elena se miró en el espejo, observando cómo las manos de la maquilladora transformaban su rostro en el de una novia.
La sombra de sus ojeras fue suavemente cubierta, sus labios pintados de un suave carmín, y su cabello, recogido en un moño elegante, completaba la imagen de una mujer lista para el sacrificio.
Pero dentro de ella, la inquietud crecía, cada pincelada en su rostro la alejaba más de su propia identidad.
Marcelo entró en la habitación, su expresión era fría, distante, casi como si