A la mañana siguiente, todo se sintió como un sueño, o al menos eso pensó Elena mientras abría los ojos lentamente. El suave rayo de luz que se filtraba por las cortinas acariciaba su rostro, pero no fue el brillo del amanecer lo que la despertó. Fue la sensación de un cuerpo cálido a su lado, algo que no esperaba. Giovanni, su esposo, estaba dormido junto a ella.
Elena se quedó quieta, temerosa de mover un solo músculo. ¿Es esto real? Apenas podía creerlo. Desde que se casaron hace unos meses,