El silencio en la sala era sofocante, apenas roto por el débil zumbido de los murmullos que llegaban desde el pasillo que pertenecían a los empleados que oían del otro lado todo.
Marcelo y Verónica permanecían inmóviles, como dos estatuas atrapadas en un mal sueño para ellos. Los abogados de Giovanni habían expuesto con meticulosidad los documentos que demostraban las irregularidades y los delitos cometidos por ambos.
Había un peso en el aire, un preludio a la tormenta que estaba por desatarse