Elena no pudo evitar observar la reacción de ambos. Marcelo trató de resistirse, protestando con un tono que oscilaba entre la ira y el miedo.
—¡Esto es un error! ¡Esas pruebas son falsas! ¡Elena, tú no puedes hacerme esto, soy tu padre!
Verónica, en cambio, quedó paralizada, su rostro blanco como el papel. Cuando los agentes le colocaron las esposas, finalmente rompió en llanto.
—Elena, por favor, no puedes permitir esto. Piensa en Camila... esto la acabará.
Lo había hecho, había pensado en Ca