Los paramédicos llegaron rápidamente, atendiendo a Giovanni y asegurándose de que Elena estuviera estable. Mientras lo subían a la camilla, sus ojos se encontraron una vez más. En ese instante, todo quedó dicho: había amor en esas miradas, ambos estaban enamorados del uno del otro.
El rugido de las sirenas era un eco distante mientras la ambulancia avanzaba a toda velocidad hacia el hospital. Dentro, el aire estaba cargado de tensión y miedo. Giovanni yacía acostado e inmóvil, su rostro pálido