Shad Blessing escuchaba las quejas de su subordinada con placer. Daba por sentado que cada palabra que le decían eran ciertas. No dudó de la acusación. Tampoco le importaba si era cierto o no. Una potencial socia comercial creía que el trabajo de ella era pésimo y el trato que dio fue peor. La empleada nunca me cayó bien, su entrada a la empresa había sido precipitada, según él le habían quitado el empleo a alguien más capacitado para el puesto. Con inmediatez, tomó el teléfono y llamó a recurs