Capítulo 117: Frustración de Andrews
La mañana se arrastraba como si el tiempo se empeñara en provocarle a Andrews. En la oficina, él miraba la pantalla del ordenador, pero sus dedos permanecían inmóviles sobre el teclado.
La mandíbula tensa, los ojos oscuros entrecerrados. Su mal humor era evidente, lo suficientemente denso como para enfriar el ambiente más que el aire acondicionado.
Rodrigo, recostado en la puerta con una taza de café, no tardó en notarlo.
—Estás así por ella, ¿no? —dijo