Capítulo 212 — La noche que parecía arreglarlo todo
Mía no soltó su mano. Y Cristian tampoco.
No lo hicieron cuando cruzaron la puerta, ni cuando el silencio de la casa los envolvió como un manto, haciendo que el ruido del mundo exterior desapareciera.
Había algo en ese gesto —en no soltarse— que no tenía nada de romántico.
Era miedo.
Un miedo real, punzante.
Cristian sentía que, si la soltaba, aunque fuera un segundo, Mía se desvanecería como un espejismo.
Y él no iba a soportarlo.
No o