El estar al lado de Koddel era para mi una aventura y un sueño hecho realidad. Pero claro que las cosas no eran color de rosa. Regresar a esa gran casa me provocaba ciertos mareos y nervios que no dominaba a la perfección. Puesto que debía ver a los ojos a un montón de enemigos y convivir con ellos no me hacía la menor de las gracias.
Al llegar, antes que nada, Koddel me llevó hacia la bañera y frotó mis heridas para lavarlas y sanarlas. Acariciando cada parte de mi cuerpo con suma delicadeza,