Cuando llegó el momento de dormir, no logré seguir ocultando lo que sentía por Koddel. Coloqué la alianza en uno de mis dedos, decidiéndome a arriesgarme si tenía que hacerlo, porque no había más cobardía que no amar cuando se tenía la oportunidad. Solté un suspiro, eso iba en contra de cualquiera de mis creencias. A pesar de que el deseo me ganaba. El me encontró en nuestro cuarto matrimonial, dentro de la cama, cubierta solo con las mantas suaves que me hacían sentir tan bien.
Él sonrió, sabi