Despertar encerrada se hacía algo vagamente frecuente y eso, me hizo volver a plantearme que demonios hacía con mi vida. Si era sincera, no tenía el control ni mucho menos, estaba caminando sobre una cuerda floja, sin saber en que momento mis decisiones no tendrían vuelta atrás.
El arma estaba tan cerca de mi rostro, ella me apuntaba y el sudor helado comenzó a humedecer mi frente. Comenzó a colocarme las esposas y a amarrar mis pies, sin que yo pudiera hacer algo para detenerla.
—¿Parece que e