—¡Me robaron mi collar! —exclamó Eugenia, su voz temblorosa, pero cargada de furia.
Los ojos de todos los presentes se volvieron hacia ella al instante.
Alonzo corrió hacia su madre, visiblemente alarmado.
—Pero, ¿qué pasó? —preguntó, su voz tensa, su mente corriendo a toda velocidad, tratando de entender la magnitud de la acusación.
La mirada de Eugenia se fijó en Roma, que estaba a pocos pasos de distancia, y con un gesto lleno de desdén la señaló.
—¡Fue ella! ¡Roma Valenti es la ladrona! —su