Giancarlo ajustó la corbata mientras salían del hospital.
La mano de Roma descansaba sobre su brazo, pero su mente estaba en otro lugar.
Desde que habían escuchado los latidos de su bebé, ella había sentido una mezcla de felicidad y ansiedad.
—Debo ir a la empresa —dijo él, besando su sien con ternura.
Roma asintió.
—Y yo debo ir pronto a la empresa Misuri. Quiero delegar la dirección a otro CEO.
—¿Quieres retirarte por completo?
—Sí, quiero concentrarme en mi embarazo y en mi familia.
Él sonrió