—¡Suéltame…!
La mirada de Alonzo estaba llena de furia, y sus manos la apretaban con fuerza, casi con desesperación.
Pero al escuchar sus gritos, como si le llegara un susurro al alma, la soltó de golpe, como si fuera una muñeca rota.
Kristal respiró agitadamente, con el pecho acelerado y las lágrimas a punto de estallar.
—¡Alonzo! ¿Qué te pasa?
El rostro de Alonzo estaba desencajado. La rabia lo devoraba, y sus palabras salían como cuchillos.
—Dime, ¿hiciste eso? ¿Tú le tendiste una trampa a Ro