78. Un pasado sin culpas
POV AIDEN LEFEVRE
Regresar a la vida me había dado una energía distinta, casi feroz.
Después de tanto dolor, de tanta incertidumbre entre máquinas, diagnósticos y silencios, de pronto sentía que respiraba con un propósito renovado. Y en medio de ese renacer, mi padre apareció.
Su presencia, antes un tanto distante, se volvió un ancla inesperada. Hemos compartido más en estas semanas tratando de recuperar años enteros. Su forma torpe de demostrar cariño —esa mano rígida sobre mi hombro, ese intento fallido de bromear para aliviar la tensión— me sanaba lugares dentro de mí que creí condenados a la ausencia.
Sentir su amor paternal llegó tarde, sí, pero llegó… y eso alivió vacíos viejos, agrietados desde mi infancia.
De la misma manera, no podía ignorar a Sabine. Ella estuvo ahí, incluso cuando yo no estaba del todo consciente, incluso cuando mi alma parecía suspendida en un punto muerto. Su forma de tratarme cambió, se suavizó conmigo de un modo que jamás esperé de alguien tan