104. Dos corazones
POV IRENE SAINT
Habían pasado cuatro semanas desde que Abby fue dada de alta. Cuatro semanas desde que, por fin, había comenzado formalmente su relación con Eduardo.
Lo sabía no solo porque él mismo me lo había contado, sino porque ambos lo anunciaron durante la cena de bienvenida que organizamos la noche en que Abby regresó a casa.
A todos nos llenó de alegría verlos juntos. Abby, mi amiga, al fin estaba al lado del hombre que la hacía feliz, un hombre que además amaba a su bebé como propio, sin reservas ni miedos.
Yo, por mi parte, también me sentía profundamente agradecida con la vida.
Maximiliano era un niño hermoso, dulce conmigo, aunque su mirada se endurecía instintivamente ante los demás; el mundo aún no era un lugar del todo seguro para él.
Con Alessandro había desarrollado una conexión especial, silenciosa pero intensa. Sabía que para Max aún era difícil procesar todo lo que había vivido; por su seguridad, su verdadera identidad continuaba siendo un secreto cuidad