Veintiocho.
En su mirada inquieta, en el temblor de sus rodillas, en el sudor que corría en anchas gotas por su frente, llevaba escrito sus pensamientos más profundos.
Tenía miedo de acercarse, ¿Qué pasaría si en realidad estaba ahí para darle malas noticias? ¿Y si solo regresó para pedirle el divorcio Anastasia estaba vacilando, abrazándose a sí misma, ninguno decía nada, lo que la ponía aún más ansiosa.
Pero hubo una acción en lugar de palabras, una sencilla acción que la haría abandonar todas sus dudas