PELIGROSA.
Después de descargar las ganas que se cargaban, subieron a la habitación. Allí arriba volvieron a hacer el amor. Ya estando en la cama, Maite quiso tratar el tema, pero Marcos ya empezaba a roncar.

—¿En serio te dormiste o solo lo haces para evitar hablar de…?

—Hasta mañana, mi amor —le dio un beso en la frente; por consiguiente, se giró, dejando la espalda a ella.

Maite suspiró y se acomodó en la almohada. Seguido, cerró los ojos y se perdió en el sueño. Como cada noche, soñó con su pequeño
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