—Mi dinero —exige Carmín, extendiendo la mano hacia mí—. Escuché la conversación. Es ella. Dame mi parte.
—Necesito hacerte unas preguntas más —respondo, marcando el tono—. Si contestas, te doy el resto.
—Eso no fue lo que acordamos.
—Tómalo o déjalo.
Me lanza una mirada molesta, pero finalmente resopla, resignada.
—Está bien. ¿Quieres pasar? —abre la puerta de su apartamento con una sonrisa cargada de intención.
—Aquí estoy bien, será rápido —rechazo la invitación—. ¿Hace cuánto vive ella en e