°°°
Evander me sigue observando con impasibilidad, pero por un instante detecto un destello de incredulidad en su mirada, aunque se esfuerza en reprimirlo.
—¿De qué hablas? —se aleja un paso, frunciendo el ceño—. ¿Ahora te has vuelto loca?
—Te estoy diciendo la verdad —insisto con seriedad—. La razón detrás de todos estos cambios es solo esa. El día de mi boda me desmayé, me golpeé la cabeza y, cuando desperté, no sabía quién era, dónde estaba ni por qué me estaba casando. No recuerdo nada hast