°°°
Una tobillera cómoda, lentes de sol, una gorra negra, jeans ajustados, camiseta y una chaqueta de cuero negro. Lista. Me miro en el espejo, satisfecha con el trabajo de Iris, que sigue absorta en su teléfono con el ceño fruncido.
—Estos bastardos no pierden el tiempo. Ya subieron una foto nuestra entrando al hospital... y del abuelo Renzo también —gruñe, fastidiada—. Las redes están llenas de preguntas y especulaciones. ¿Es que no tienen vida?
—Sabía que pasaría —agarro mi bolso y me vuelvo