Adhara contuvo la respiración por décima vez.
Se encontraba en la cocina junto a Oliver, el lugar era pequeño y la luz del sol se filtraba a través de las cortinas.
Decir que se había acostumbrado a esta nueva dinámica era mentirse a sí misma.
Realmente no se acostumbraba a la presencia de Oliver en su vida, pero no le desagradaba. Era acogedor tener a alguien a su lado para hacer cosas tan mundanas como cocinar.
A los pocos minutos preparó la mesa con tostadas doradas, mermelada de fresa, y