Cuando Oliver abrió los ojos a eso de las ocho de la mañana del día siguiente, se encontró con una habitación vacía y una cama desolada.
Miró hacia todos lados tratando de hallar a la hermosa y pequeña figura de Adhara. Sin embargo, no parecía haber rastro de la mujer por ninguna parte.
«Raro», pensó.
Se suponía que era sábado, así que no tenía sentido el hecho de que se hubiera despertado tan temprano, mucho menos después de tanta actividad de la noche anterior. Había sido su primera vez, por