Cuando Adhara llegó a la habitación en la que Oliver se encontraba, no pudo hacer otra cosa que correr a su lado.
—¡Oliver! —una sonrisa gigantesca se mostraba en su rostro, mientras lo abrazaba.
Al hombre pareció tomarlo por sorpresa un gesto tan efusivo de su parte. Estaba tan acostumbrado al rechazo, que le resulta irreal la idea de que ahora lo estrechara con tanta fuerza.
—No me gustó la idea de perderte —sollozo Adhara en su pecho, soltando todos sus temores.
Quería que Oliver supiera