A Adhara le costó todo de sí no derrumbarse cuando presenció cómo Tomás, el niño al que le había prometido llevarlo a visitar a su madre, ahora asistía a su funeral.
Jamás imaginó que este sería el desenlace, que tendría que ser partícipe de un momento tan doloroso e injusto. Ese niño no merecía perder a su madre, no merecía quedarse completamente solo en el mundo.
—Lo lamento tanto —se acercó a él tratando de brindarle consuelo, aunque la realidad era que no podía lidiar con su propia culpa.