Adhara pasó el resto del día refunfuñando debido a su encuentro con Oliver. Por más que intentaba olvidarlo, no podía borrar de su mente la manera en que la había mirado y exigido que no se metiera más en sus asuntos.
«¡Ja! Como si siquiera le importara», pensó mientras sacudía el hombro con indiferencia.
—Puedo ver qué algo te molesta —señaló Esteban al otro lado de la mesa, sus ojos marrones clavos en ella.
Se suponía que estaban cenando, pero estaba demasiado sumergida en su molestia como