Dar con la dirección del hijo de Greta no fue demasiado difícil. El pueblo donde vivían era humilde y la casa se mostraba en las mismas condiciones. Cuando Adhara llamó a la puerta de aquel lugar no sabía exactamente qué esperar, sin embargo, nada la preparó para ver a un niño en silla de ruedas.
—¿Quién es? —preguntó el chiquillo con voz temblorosa y una mirada nerviosa.
—¿Eres el hijo de Greta?
El niño pareció dudar antes de responder con un leve asentimiento.
—Tomás, ¿con quién hablas? —u