Anastasia acababa de leer el enorme cartel que daba la bienvenida al pueblo de Alice Springs.
No pudo evitar sentirse cautivada ante la mezcla única de modernidad y belleza salvaje. Las calles estaban bordeadas de edificios bajos y funcionales, con tiendas y cafés que ofrecían un respiro del calor abrasador del desierto.
Sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó el sudor por enésima vez, detallando atentamente el recorrido en auto. A lo lejos podía apreciarse las colinas rojizas que se alzaban